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Coaching para el desarrollo profesional: qué es, cómo funciona y cuándo tiene sentido

Una pregunta que nadie te hace en la oficina, y que un coach sí te hace


Marina llevaba cuatro años en el mismo puesto cuando le ofrecieron liderar un equipo en otro país. Cualquiera diría que era una buena noticia. Ella pasó dos semanas sin poder decir si quería aceptar o no, y lo que más la inquietaba no era la decisión en sí, sino no entender por qué no podía tomarla. Habló con su pareja, con una amiga que había hecho un cambio parecido, con su jefa. Cada conversación le daba un argumento distinto y ningún argumento le servía, porque el problema no era de información. Era de otra cosa, algo más parecido a no saber, todavía, quién quería ser en los próximos cinco años.


Ese "no saber todavía" es el punto donde empieza a tener sentido el coaching para el desarrollo laboral. Es, sobre todo, para el momento en que las preguntas dejaron de tener respuestas obvias: cuando el próximo paso profesional ya no se decide por descarte, sino que requiere criterio propio, y ese criterio todavía no está del todo formado.

Qué no es coaching


Vale la pena decir primero qué no es. No es que alguien más experimentado te diga qué hacer, eso es mentoring. No es un curso con contenidos y certificado, eso es capacitación. Y no es acompañamiento terapéutico, aunque a veces toque temas que también importan en terapia.


El coaching profesional trabaja sobre un supuesto distinto: la persona ya tiene, en gran medida, los recursos para decidir bien; lo que falta es un método y una conversación estructurada para activarlos.


En una sesión, ese trabajo tiene una lógica reconocible. Primero se ordena dónde está parada la persona hoy, más allá de cómo lo cuenta habitualmente en una entrevista o en una charla de pasillo. Después se define, con precisión incómoda, qué es lo que realmente quiere lograr, porque "crecer" o "estar mejor" no son metas, son deseos sin forma todavía. Ahí suele aparecer lo más útil del proceso: identificar la creencia o el hábito que viene funcionando como freno, muchas veces sin que la persona lo note, porque lleva tanto tiempo actuando desde ahí que lo confunde con su personalidad.


Marina, en su tercera sesión, se dio cuenta de que lo que la frenaba no era el país ni el cargo: era que nunca había tenido que decidir sola, a esa escala, sin que alguien más validara antes. No hizo falta un consejo. Hizo falta ese momento en que alguien le devolvió la pregunta con otras palabras y ella se escuchó decir, en voz alta, lo que en el fondo ya sabía.


Sostener y habiturase a tomar acción


Ese tipo de proceso funciona mejor con continuidad y con contraste, y por eso en Knowmads Teammasters el coaching individual no va solo: viene acompañado de un grupo de pares que cumple una función muy concreta, la de sostener el accountability. Es distinto saber que tenés que cumplir un compromiso con vos mismo a saber que el jueves que viene un grupo de personas que conoce tu proceso te va a preguntar cómo te fue. La primera promesa se posterga con facilidad. La segunda, no tanto.


El recorrido combina, entonces, sesiones de coaching con al menos un encuentro de grupo, donde el trabajo personal se contrasta con la mirada de otros que están atravesando decisiones parecidas desde lugares distintos. De ese cruce sale algo concreto: un plan de carrera, no una intención vaga de "mejorar" sino pasos escritos y revisables.
Close-up of a notebook with coaching notes and a pen
Close-up of a notebook with coaching notes and a pen

Para llegar a ese plan se trabaja antes una conceptualización de las propias capacidades que recorre nueve casilleros: qué das (tu propuesta de valor real, no la que pondrías en un CV), a quién se lo das, qué relación construís con esas personas, por qué canales llegás a ellas, qué actividades hacés para sostenerlo, qué recursos propios usás, quién te ayuda a lograrlo, qué te cuesta hacerlo y qué obtenés a cambio. Ordenado así, de a un casillero por vez, es más fácil ver los huecos: gente que tiene mucho para dar pero no sabe a quién, o que sabe a quién pero no encontró el canal, o que confunde lo que la agota con lo que la sostiene.


Pero ordenar el mapa no alcanza si después no pasa nada. Por eso el proceso insiste, de punta a punta, en una cultura de la acción: se prueban hipótesis chicas antes de apostar todo a una decisión grande, se acepta que experimentar implica margen de error, y se aprende a gestionar el riesgo en lugar de evitarlo por completo.


La pregunta que cierra cada sesión más que el "¿qué aprendiste?" es "¿qué vas a hacer esta semana, concretamente, con esto?".


Nada de esto reemplaza el trabajo de decidir, que sigue siendo tuyo. Pero si estás en un momento donde las preguntas se volvieron más difíciles que las respuestas de siempre, vale la pena tener ese espacio armado, con método y con otros al lado. Podés conocer cómo funcionan las sesiones de coaching profesional de Knowmads Teammasters y agendar una conversación inicial para ver si el momento es este.





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