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"Saben de mí lo que yo quiero que sepan": Gabriela Carvallo y el oficio de diseñar la propia carrera

Actualizado: 2 jul

Arquitecta, asesora estratégica y hoy líder de consultoría en una firma global de real estate en Bélgica, Gabriela Carvallo internacionalizó su trabajo sin salir de Montevideo, lo reconstruyó en plena pandemia y convirtió la escritura en LinkedIn en una herramienta que ordena su experiencia y, de paso, hizo que un cazatalentos la encontrara. Una conversación sobre comunicación, constancia y el arte de decidir cuándo lanzarse.



Hay carreras que solo se entienden mirando hacia atrás, cuando los puntos dispersos dibujan de pronto una línea. La de Gabriela Carvallo es una de ellas. Arquitecta uruguaya, pasó del proyecto ejecutivo a la gestión comercial, de Montevideo a Bruselas, y de presentar planos a liderar la instalación de un nuevo servicio de consultoría para una empresa global. En el medio, sostuvo durante años una práctica que pocos asocian con una carrera técnica: escribir en público, semana a semana, sobre lo que iba aprendiendo.


Carvallo conversó con Diego Tarallo en una sesión de Knowmads Team Masters, el programa que evolucionó a partir de Toastmasters Montevideo. Fue una de las primeras integrantes de aquel club, y Tarallo la recuerda como una participante aplicada y audaz: alguien que tomaba en serio cada herramienta, que recorría uno a uno los retos de oratoria y que se animaba a temas difíciles. Más de diez años después, esa misma disciplina reaparece en sus textos e inspira.


Una carrera internacional sin salir de Uruguay


Carvallo empezó a trabajar a los veintipoco en el estudio del arquitecto Carlos Ott, y allí su carrera fue internacional desde el primer día. "Desde Uruguay mi carrera siempre fue internacional. No tuve que emigrar para tener una carrera multicultural", resume. Eran los años 2000: consultores que llegaban de Alemania o Estados Unidos al garaje de una casa en Montevideo para trabajar en una ópera que el estudio diseñaba en China, jornadas de quince horas y una sola computadora desde la cual se enviaban correos que tardaban un buen rato en salir con todos los adjuntos.


"Desde Uruguay mi carrera siempre fue internacional. No tuve que emigrar para tener una carrera multicultural."

El primer hito de su carrera, sin embargo, no fue técnico, sino una apuesta ajena. Con 23 años y rodeada de arquitectos mayores, Ott le asignó la dirección de un proyecto relevante para el estudio, un hotel en Buenos Aires. "Nadie daba crédito, y yo menos que nadie", recuerda.


De aquella experiencia sacó una conclusión que todavía repite: cuando alguien confía en vos, está asumiendo más riesgo que vos mismo, así que la única tarea es lanzarse y ver qué pasa.

El patrón se repitió cuando la convocaron como gerenta comercial en Contract Workplaces, una empresa regional dedicada a diseñar y construir oficinas. Venía de la arquitectura pura y la primera pregunta que hizo fue casi de manual: por qué necesitaban a una arquitecta para vender. Una vez más, alguien vio en ella algo que ella todavía no veía.


Su rol actual —que asumió hace pocas semanas, liderando consultoría para una empresa global de gestión de portfolios inmobiliarios corporativos, de oficinas y logística a retail y laboratorios— sintetiza, dice, todo lo anterior. La pasión por entender los espacios se cruza ahora con competencias que fue construyendo con los años.


"Hoy lo que hago es juntar tres cosas: escuchar, cuestionar y proveer información, para que la decisión sea la mejor posible", explica.

Escuchar para entender la necesidad real del cliente; cuestionar para revisar los preconceptos que le impiden ver con claridad; aportar datos para que la decisión no descanse en la intuición.


Toastmasters: perder el miedo, ganar claridad


A Toastmasters llegó por una invitación de Daniel Flom, entonces gerente general de Contract. Carvallo se define como una persona que tiende a la introversión —"no soy la que entra a un evento a ser la reina de la fiesta"—, y precisamente por eso le interesó. Presentar proyectos, transmitir ideas e influir en decisiones eran parte de su trabajo; hablar mejor en público era una habilidad que valía la pena entrenar, incluso con hijos chicos en casa.


De aquella etapa rescata dos aprendizajes que todavía la acompañan. El primero es el coraje. El formato, basado en evaluaciones constructivas, crea un terreno donde el error no se castiga: "El feedback constructivo te genera un ambiente seguro, en el que no importa tanto lo que digas". El segundo es la claridad. Cada charla obligaba a estructurar el mensaje —una entrada que enganchara, un desarrollo y, siempre, una conclusión—, y esa arquitectura sobrevive hoy en sus posteos.

"El mensaje llega cuando es claro, y yo lucho mucho por la claridad", afirma; más todavía ahora, cuando muchas veces tiene que comunicarse en idiomas que no domina. Un mensaje claro y conciso, sostiene, transmite además un nivel de profesionalismo que se nota.

Leer los códigos invisibles


Si hay una competencia que Carvallo identifica como decisiva al cambiar de entorno, es la escucha activa entendida como capacidad de observación: deducir esos códigos invisibles que cambian de una cultura a otra. En Bélgica, además, cambian de una región a otra —Bruselas, el sur francófono y el norte neerlandés conviven con vínculos muy distintos—. Su primer aprendizaje fue casi físico: "Tuve que aprender a hablar como cinco decibeles más bajo de lo que hablamos en Uruguay".


La adaptabilidad, dice, es una de las competencias que conviene llevar siempre en la caja de herramientas, y coincide en que las competencias blandas son las más difíciles de adquirir y, a la vez, las que más sirven cuando uno cambia de medio. En Europa, observa, el intercambio entre culturas forma parte de la identidad cotidiana, y eso facilita la integración.


También aprendió a leer las distancias. Al principio le parecieron fríos y temió que la adaptación fuera dura. Con el tiempo descubrió otra cosa:

"Te observan, te tienen un rato en el círculo exterior, pero una vez que te abren la puerta son las personas más leales que vas a conocer". En las culturas mediterráneas, reflexiona, el primer círculo suele ser más cálido y superficial, y mucha gente no llega nunca al segundo.

Hasta el humor cambia de país a país, y depende del timing: uno de sus hijos adolescentes sufría al principio porque hacía un chiste y nadie lo entendía. "Si encima tenés que pensar el chiste en otro idioma, ya perdiste la mitad de la gracia."


La mudanza menos planificada


Carvallo distingue dos modos en su trayectoria: el muy planificado y el opuesto a toda planificación. La mudanza a Bélgica pertenece, sin dudas, al segundo. "Un project manager que hubiera agarrado nuestro proyecto de mudarnos nos habría dicho rojo", bromea. Su marido siempre había querido emigrar; ella siempre había dicho que no, por edad y por arraigo. Y entonces, casi de la nada, al inicio de la pandemia, decidieron irse. No fue un salto al vacío total —su hermano y un tío ya vivían allá—, pero el riesgo era altísimo y eligieron asumirlo. La semana en que los confinaron ya habían comprado los pasajes. Confinada todavía, recibió la llamada de su jefe ofreciéndole una nueva oportunidad de desarrollo en Contract; respondió que se iba, y renunció. Ninguno de los dos tenía trabajo al partir.


Al mes, los dos lo habían conseguido. Su perfil corporativo le facilitó entrar al mundo empresarial belga; a su marido, freelancer, le costó más.


A partir de ahí, lo que había empezado sin plan se volvió plan: eligió primero un puesto por debajo de su nivel, como puerta de entrada, y luego construyó deliberadamente una evolución hacia donde quería llegar.

El diario que la volvió legible


La reconstrucción tuvo un aliado inesperado: la bicicleta. Sin licencia para conducir durante un buen tiempo, Carvallo iba a trabajar pedaleando, tomaba un tren y volvía a pedalear otra media hora, lloviera, nevara o hiciera calor. Esos trayectos los llenó de podcasts. Uno de ellos, un ciclo sobre marca personal que todavía recomienda, insistía en el valor de LinkedIn. Con tiempo en el tren, decidió probar.



Su primer plan fue ambicioso —postear tres veces por semana, en tres ejes: una cita con reflexión, un contenido técnico para posicionarse como experta en espacios de trabajo y un "Weekly Editorial" más libre, donde escribía lo que pensaba—. Ese último eje fue el germen de lo que hoy es su columna, Project Diary. El comienzo no fue prolijo: una amiga uruguaya le escribió para decirle que le gustaba el contenido pero que la gráfica era espantosa. Carvallo lo tomó como lo que era, un buen consejo, y empezó a darle identidad visual a cada eje.

Nunca fue ingenuo, aclara: sabía que lo hacía en LinkedIn y no en un blog, y sabía para qué servía. Pero también la entretenía, porque canalizaba algo que siempre le había gustado: escribir.

La constancia se interrumpió cuando el trabajo se volvió más intenso —y, curiosamente, cuando consiguió el auto y perdió los trayectos en bicicleta que alimentaban su creatividad—. A comienzos de 2025 retomó la editorial. Para entonces ya usaba inteligencia artificial para escribir y había encontrado, por sugerencia de su marido, una forma de hacerlo todo desde el teléfono: genera las imágenes y el pequeño sello visual que la identifica desde donde esté, y deja posteos programados para no tener que improvisar cada miércoles. Esa inmediatez es la que sostiene la regularidad.


No mide el impacto en visualizaciones. Un posteo suyo ronda las quinientas, "que no es mucho", pero tiene lectores reales: gente que la cita en la oficina cuando ella ya pensaba que ni siquiera la leían.

"Escribir me permite digerir lo que pasa a mi alrededor", dice. Hasta su madre, jubilada, se abrió una cuenta de LinkedIn para leerla. Lo hace, sobre todo, para ella misma: escribir es su manera de masticar la experiencia, conectarla con lo vivido antes y sacar alguna lección.

Cazada por su propia narrativa


Esa práctica abrió conversaciones que antes no existían. La más reveladora fue un proceso de headhunting. Carvallo no estaba buscando trabajo cuando le llegó el mensaje de una recruiter por LinkedIn. Escuchó la propuesta y supo que tenía que tirarse de cabeza, aunque al principio jugó a su favor el hecho de no estar interesada.

Lo que ese episodio confirma, para ella, es el poder de controlar la narrativa propia: "Al haber escrito tanto sobre mí, saben de mí lo que yo quiero que sepan".

Si la persona que la contactó miró hacia atrás, vio a alguien que durante un año y medio había posteado con regularidad, y esa constancia hablaba del perfil que buscaban para liderar e instalar un servicio nuevo.


El proceso fue confidencial e intenso. Y trajo también una incomodidad conocida: la del sindrome del impostor. Como uruguaya, sintió que tenía que ser doblemente buena para acceder a un rol así, y que el "nunca conocí a nadie de Uruguay" podía hacerla sentir menos. Eligió darlo vuelta: "Me quedo con que soy de Uruguay, y estoy acá porque soy el doble de buena. Pero eso te lo tenés que decir mucho, porque no te lo creés".

La moraleja que extrae es práctica: si alguien te elige por lo que sabe de vos, conviene que eso que sabe sea algo que controlaste y editorializaste.

Empezar a dejar señales


¿Por dónde empezar, para quien quiere dejar mejores señales profesionales sin sonar artificial? Minutos antes de esta charla, una excolega le había escrito justamente con esa pregunta, y Carvallo le respondió tres cosas. La primera: usar la IA como herramienta, entrenándola para que escriba con la voz de uno y editando después lo que delata su origen —ella, por ejemplo, dejó de usar los guiones que tanto le gustaban—. La segunda, y la más importante: proponerse la constancia como desafío, postear durante al menos un mes en la frecuencia que cada uno elija, idealmente más. "Esa constancia también habla de vos: que estás y que vas a seguir estando", dice; quien la lea sabrá que cada miércoles, a la misma hora, va a encontrar su texto. La tercera: buscar motivación afuera —recomienda el podcast sobre marca personal que la inició— y, sobre todo, buscar un tono que refleje la voz propia.


Ideas fuerza


La conversación deja un puñado de aprendizajes que dialogan con el método de Knowmads Team Masters: que una carrera internacional puede empezar sin mudarse de ciudad; que la comunicación clara se entrena con práctica y feedback, no con talento innato; que la adaptabilidad y la escucha son las competencias que más rinden al cambiar de entorno; y que escribir con constancia no solo ordena la experiencia, sino que permite gobernar la propia narrativa hasta volverla una puerta de oportunidades.


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